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Por qué las dietas de castigo tras el 18 de septiembre hacen más daño que bien

Un experto en nutrición advierte que la culpa post-Fiestas Patrias impulsa dietas restrictivas que no funcionan y dañan la relación con la comida.

Redacción Comunicados Ya|Salud|

Terminadas las Fiestas Patrias, miles de chilenos repiten el mismo ritual: buscar en internet la dieta más estricta para "compensar" los asados, las empanadas y la chicha de los días anteriores. Redes sociales, grupos de WhatsApp e incluso influencers sin formación en salud inundan los teléfonos con promesas de dietas detox, limpiezas exprés y planes milagrosos que, según los especialistas, no solo no funcionan, sino que pueden resultar contraproducentes.

Víctor Sepúlveda, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás e investigador del Observatorio de la Alimentación (ODA360), advierte que este fenómeno revela un problema más profundo: la culpa instalada culturalmente en torno a la comida. En Chile hablamos de "portarse bien" después del 18, como si alimentarse fuera un examen con nota aprobatoria o reprobatoria. Esa metáfora, aparentemente inocente, tiene consecuencias reales en la manera en que las personas se relacionan con lo que comen.

"Una buena alimentación no se construye en función de una comida, un fin de semana o unas Fiestas Patrias", explica el especialista. Según Sepúlveda, la alimentación saludable se desarrolla a lo largo del tiempo, dentro de una vida real que incluye celebraciones, tradiciones familiares y momentos de disfrute. Reducirla a un ciclo de exceso y castigo no solo es ineficaz: también ignora que comer es un acto profundamente social, emocional y cultural.

El problema se agrava cuando quienes difunden consejos nutricionales carecen de estudios en la materia. Los influencers de bienestar han ganado terreno en Chile como referentes de alimentación, pese a no contar con formación profesional. Este vacío de información confiable empuja a muchas personas hacia restricciones extremas que pueden derivar en ansiedad, atracones y una relación dañina con la comida.

Frente a este escenario, el nutricionista propone un enfoque radicalmente distinto para retomar la rutina después de las fiestas:

  • Volver gradualmente a los horarios habituales de comida, sin saltarse tiempos ni imponer restricciones drásticas.
  • Incorporar frutas, verduras y agua de forma natural, sin etiquetarlas como "alimentos de penitencia".
  • Escuchar las señales reales de hambre y saciedad, en lugar de seguir planes rígidos externos.
  • Evitar compensar con ejercicio excesivo lo que se comió, ya que refuerza la lógica de castigo.
  • Consultar a un nutricionista certificado antes de iniciar cualquier plan alimentario.

En un país donde la obesidad y el sobrepeso afectan a más de la mitad de la población adulta, según cifras del Ministerio de Salud, la conversación sobre alimentación es urgente. Pero los expertos insisten en que esa conversación debe alejarse de la culpa y acercarse a la educación, el autocuidado sostenible y el respeto por las propias tradiciones. Disfrutar una empanada el 18 no arruina ningún proceso de salud. Lo que sí puede hacerlo es la espiral de restricción y culpa que viene después.

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